LA INFANCIA ES DESTINO
La infancia es un
término aplicado al desarrollo del ser humano desde el nacimiento hasta llegar
a la pubertad, que es cuando comienzan a surgir diversos cambios tanto físicos
como emocionales.
Si hablamos de
destino, en filosofía, podemos referirnos a un constructo metafísico y como tal
está sometido a interpretaciones. El destino sería la sucesión incognoscible e
inevitable de acontecimientos que ocurren en diferente lugar y tiempo cuya
consecuencia del pasado afecta a uno o más hechos futuros, así como a toda la
red de posibilidades del futuro porque las acciones presentes derivan de las
pasadas y las futuras de las presentes.
El destino se
relacionaría con la teoría de la causalidad que afirma que, si «toda acción
conlleva una reacción, dos acciones iguales tendrán la misma reacción», a menos
que se combinen varias causas entre sí haciendo impredecible a nuestros ojos el
resultado.
Nada existe por azar
al igual que nada se crea de la nada. Todo tiene una causa, y si tiene una
causa estaba pre destinado a existir desde el momento en que la causa surgió.
Debido a que la inmensa cantidad de causas es
impensablemente inmensa, nos es imposible conocerlas todas y enlazarlas entre
sí.
Al concebir estos
conceptos, se podrían plantear las siguientes interrogantes: ¿Qué tan acertada
es la frase “infancia es destino”?, si conforme avanza el desarrollo, esto, ¿No
es más que una cuestión de carácter?, ¿Cuánta responsabilidad tienen los padres
en el futuro de sus hijos?, Fantasmas del pasado, significa, ¿vida sin futuro?
Los primeros
contactos que se tienen son muy significativos, pues van matizando nuestras
futuras relaciones; es ahí cuando aprendemos ciertos patrones que se utilizarán
a lo largo de la vida, y resulta difícil cambiarlos. No es que esté mal, es lo
que se conoce o aprende durante las primeras etapas de vida; sin embargo, hay
muchas conductas que no son agradables para nosotros mismo o no concuerdan con
diversos paradigmas sociales y no se
sabe por qué están en nuestras vidas. Las primeras relaciones se
establecen con los padres o con ciertos familiares cercanos y, de ahí, se van
adquiriendo hábitos que a lo largo del tiempo se desarrollan y que forman parte
de nuestro carácter y de nuestra personalidad. Por lo tanto, no resulta
desproporcionado sugerir que la infancia está íntimamente vinculada con el
destino.
No es que sea una
cuestión de carácter, los psicoanalistas creen que toda esta cuestión se
refiere a una serie complementaria, es decir, se suma el carácter, el
temperamento, la infancia, las buenas y las malas experiencias: es un todo. Sin
embargo, no es una regla. Hay personas que tuvieron una infancia terrible,
llena de obstáculos y malas experiencias, pero en su vida adulta son profesionalmente
exitosos o han formado una familia armoniosa, aunque también puede ocurrir lo
contrario. Todos los puntos anteriores son los que van forjando el destino de
cada persona y aunque no es una cuestión de libre albedrío, con los avances de
la psicología se puede llegar a comprender dicha causa y poder brindarle un
mejor cause a estos desenlaces.
Al hablar de la
importancia de los padres, se cree que es una mezcla de todo. Se trata de
ciertos factores que se juntan y no puedes excluir ninguno. Por ejemplo: el
bebé nace y está al cuidado de sus padres al 100 por ciento. El niño poco a
poco crece, se va independizando, va adquiriendo responsabilidades,
obligaciones, etcétera. O por lo contrario el niño podría convertirse en una
persona sobre protegida, dependiente, etcétera.
No obstante, es
importante tener a estas figuras primarias cerca, porque marcan nuestras
experiencias futuras.
No necesariamente
porque se tuvo una madre desobligada serás de esa manera; ahí es cuando
intervienen otras experiencias, así como el temperamento. Es importante lo que
pasa dentro de la casa, pues es lo primero que se aprende, es la primera
fuente, es lo básico; pero las amistades, el trabajo y otras circunstancias
también forjan nuestras historias.
Para responder la
última pregunta, se hace referencia al ensayo de “Recordar, repetir y
reelaborar” del psicoanalista Sigmund Freud, donde enfatiza que la mayor parte
del pasado infantil queda olvidado y sólo conservamos ciertos esbozos
condensados en los recuerdos encubridores, es decir, memorias que cristalizan
varias experiencias y han sido deformadas. Agrega que el paciente analizado, en
general, no recuerda nada de lo reprimido, lo actúa. Por medio de la compulsión
y la repetición no puede más que poner en acción aquello que ha sido olvidado
en la conciencia.
La infancia, un factor denominante en la forma de actuar
del adulto.
La infancia repercute
en el presente de cada individuo y deja huellas que trascienden en el tiempo
afectando los modelos de comportamiento en la edad adulta. A partir de esta
teoría, se puede re significar el pasado y comprender el carácter de muchas
experiencias tardías.
Durante los primeros
cuatro años en la vida de una persona se desarrolla el 90% del cerebro; de los
5 a los 11 años se consolidan las capacidades físicas e intelectuales y de los
12 a los 17 años se construye su personalidad como transición hacia la edad
adulta, por lo que todo lo que se haga a favor de la población infantil en
México, incide no sólo en el desarrollo individual de los niños, sino en el del
país entero porque la infancia, es destino.
Si nos referimos al
destino de un niño como su vida en la edad adulta estamos hablando realmente de
su futuro. La mayoría de los padres tratan de dar a sus niños todo lo que
consideran necesario para garantizarles un buen futuro. Algunos consideran
importante procurarles un respaldo económico, integrarlos a su religión,
fomentarles cierto deporte, etc.
La cantidad de
posibles desenlaces a causa de las acciones presentes y acontecimientos pasados
es incalculable. También, la inmensa variedad de causas que afectan la vida de
un sujeto es formidable, tanto que es imposible conocerlas todas y enlazarlas
entre sí. Por eso, desde muchos años
atrás, la gente ha acudido a la adivinación, magia, etc.
Se sabe que cada
decisión que tomamos modifica nuestro futuro, pero en la infancia, las
decisiones importantes son tomadas por otras personas, generalmente nuestros
padres.
Las condiciones de la
vida adulta son el resultado de una compleja interacción entre factores
genéticos, psicológicos, ambientales, sociales y económicos. La mayoría de
estos factores se encuentran fuera de nuestras manos.
El estado de salud y
el ambiente en que nos desarrollamos en la infancia desempeñan un papel primordial
en nuestro futuro. Los hábitos de alimentación en la familia, por ejemplo, son
fundamentales. Un niño sano podrá convertirse en una persona obesa si se
alimenta con comida chatarra. Esto a su
vez le creará mucho sufrimiento, será objeto de burla en la escuela y tendrá
dificultades para realizar las actividades normales de la infancia. Todo esto
le dejara pequeños traumas, lo que mucha gente llama “cicatrices en el alma” y
lo acompañarán el resto de su vida.
Personajes famosos
que lograron grandes cosas tuvieron una infancia difícil, otros crecieron con
todas las ventajas posibles. Si bien la manera como un niño es criado tendrá
una profunda influencia en el adulto en que se convertirá, no es posible
planear su felicidad ni asegurar su destino ya que son demasiados los factores
que intervendrán en el trayecto de su vida y sobre esto no tenemos ningún
control.
El destino de un niño
no es uno solo. No hay tal cosa como “vivieron juntos para siempre”. A la edad
que sea, todos experimentamos un continuo proceso de ajuste y desajuste.
Nuestra reacción a este proceso estará controlada por nuestras capacidades
afectivas e intelectuales. Con cada cambio, nos veremos en la necesidad de
adaptarnos y desadaptarnos continuamente.
Cuando miramos hacia
atrás, podemos ver muchos de los acontecimientos que nos trajeron hasta donde
nos encontramos ahora, y distinguir entre aquello que es efecto de causas
externas y lo que es producto de nuestras propias elecciones.
Infancia es destino no funge como regla.
Muchos padres creen
que se puede orquestar la vida de sus hijos de manera que obtengan éxito, fama
y fortuna. Es verdad que en ciertos casos, muy pocos, ha dado resultado.
Lorena Ochoa, la
joven mexicana que se convirtió en la mejor golfista del mundo, siempre insiste
en que gracias al apoyo de su familia pudo triunfar. Sin embargo, muchas niñas
y niños han recibido el mismo apoyo y entrenamiento sin poder lograrlo.
Por otro lado,
hombres y mujeres que tuvieron una infancia muy difícil llegan después muy
lejos en la vida. Un buen ejemplo es Golda Meir, la séptima de ocho hijos de
una familia judía. Vio a cinco de sus hermanos mayores morir de pequeños a
causa de la pobreza y de las enfermedades, vivió en carne propia la crueldad de
la antisemita, el hambre, la ausencia del padre. Trabajo mucho y estudio poco.
Nadie podría imaginar que se convertiría en la primera mujer con el cargo de
Primer Ministra en Israel.
Otro ejemplo es, Coco
de Channel, ella vivió una infancia llena de carencias, podría pensarse que al
convertirse en la diseñadora que cambio la moda en el mundo, fue feliz pero no.
Tuvo el talento y la ambición pero no los recursos ni el apoyo, por lo cual recurrió
a la prostitución para obtener el dinero necesario para realizar su sueño. La
mujer tuvo muchos amantes pero un solo amor que jamás le correspondió y al
morir le lloro amargamente. Consiguió mucho reconocimiento, pero no ese amor
que deseaba y menos la felicidad y al final murió en medio de la soledad.
Si bien la infancia y
las experiencias buenas o malas vividas durante esta etapa pueden llegar a
marcarnos, mayormente, para tener una vida llena de recuerdos reprimidos o
episodios repetitivos, pero también podemos observar que esto no es una
regla. Como se menciona en los ejemplos
pasados, estos factores pueden llegar a ser buenos y conducirnos a un destino
satisfactorio o por lo contrario a un futuro atemorizante, en cambio otras
experiencias no tan agradables pueden impulsarnos a luchar por el bienestar de
otras personas o incluso hasta de nosotros mismos.
¿Cómo se puede superar una infancia difícil, o bien, una
infancia de sobreprotección absoluta?
El psicoanálisis
ayuda a significar y a reelaborar el pasado. Ejemplo: la mujer que vivió su
infancia en un ambiente de violencia intrafamiliar, muy probablemente en su
etapa adulta tienda a relacionarse con hombres violentos. Sin embargo, a pesar
de las críticas que sufre, ella no puede darse cuenta de la situación que vive.
Al pasar el tiempo, la mujer afirma: mi pareja se volvió golpeador o “me salió”
alcohólico, “me salió así”. Es importante señalar que esto no es la Rueda de la
Fortuna, pues uno mismo es quien elige cómo y con quién vivir, pero si traemos
cargando nuestro costalito del pasado, podemos repetir los patrones paternos,
en este caso, la violencia intrafamiliar.
Es fácil engancharte,
no es que no veamos los defectos sino que, debido a los patrones de conducta
que traemos, esas acciones violentas las vemos como algo normal. Sin embargo,
no siempre buscas la misma conducta, puedes encontrar lo opuesto, pero el punto
es que todo está relacionado con lo que aprendemos en la infancia.
El psicoanálisis
pretende hacer conscientes esas partes inconscientes para que asumas: “Tiendo a
relacionarme con hombres abusivos porque así era mi padre, y me enseñaron que
si te pegan es porque te aman”. Es difícil entenderlo cuando no te encuentras
en esa situación, aun sabiendo que hay gente que vive así toda su vida. A
medida que conocemos nuestro pasado y le damos otro enfoque, le otorgamos un
valor diferente a las cosas y las entendemos de forma distinta. Cuando
conocemos esas actitudes inconscientes nos es posible discernir mejor las
cosas. Parece complicado, pero cuando ves todo más claramente te das cuenta de
que no es una forma sana de vida, y vas cambiando esas conductas tan
arraigadas.
Proceso de sanación
Enfrentarse a uno
mismo es un proceso complicado, aunque no imposible. No es tan fácil darse
cuenta de los patrones de conducta que venimos arrastrando desde la niñez.
Aunque sepamos que estamos actuando de una manera errónea, no basta con decir:
“Ya no lo voy a hacer” o “ya no me voy a relacionar con tales personas”. Éste
es el momento cuando se requiere un apoyo profesional. El punto clave en todo
esto es asumir que se necesita ayuda.
Cualquier conducta
–positiva o negativa– se transmite a los hijos. “Ejemplo: cuando uno es un
profesional, espera que sus hijos también lo sean. Para ello, se les va
inculcando que hay que estudiar y ser responsables, se les enseñan valores
morales y mil cosas para que sean excelentes en el área que ellos escojan. No
es que les repitas todo el tiempo que quieres que ellos tengan una profesión,
sino que con tus actitudes les demuestras que eso es lo que esperas de ellos”.
Durante la terapia, y tras un proceso de introspección,
¿cómo se inicia el replanteamiento de la vida?
“No pretendas cambiar
en una semana o en tres meses lo que has hecho durante quince o veinte años”.
Hay que ir conociendo el pasado, a través de un procedimiento que puede ocasionar
sufrimiento y angustia, se tiene que desprender de ciertas experiencias de la
infancia.
Además, no se puede
dar una lista o una receta mágica de lo que se debe hacer, eso sería como decir
que se tiene la respuesta de la vida, y se sabe que no es así. Lo que sí se puede
hacer es encontrar juntos las respuestas, hallar lo que se quiere para la vida
y qué es lo que no le gusta de su vida, identificar aquello que le molesta, lo
cual resulta muy distinto que decir: “Pues mira, lo que a mí me gusta y no me
gusta de tu vida es tal o cual cosa”. No se piensa, ni se quiere asumir el
papel de juez. La única “receta”, por llamarla de algún modo, que se tiene el
día de hoy, es ayudar a elaborar y re significar el pasado para tener un
presente con pocas repercusiones y un futuro con mejores oportunidades.
MARCO TEÓRICO
¿Por qué es tan
importante la infancia?, ¿a qué se debe que sea tan importante lo ocurrido en
este periodo del que a veces no recordamos casi nada?
Basándose en el libro
Infancia es destino del psicoanalista mexicano Santiago Ramírez se puede decir
que, en sus diversos estudios, fue dándose cuenta de que sus pacientes
condensaban sus experiencias en un único recuerdo. ¿A qué se debía eso? Se
debía a que ese recuerdo era un símbolo de algo global, es decir, de todas las
experiencias de sus pacientes. Pero como decía Sigmund Freud, no es que el
paciente "recuerde", sino que en realidad está volviendo a vivir sus
experiencias, sus afectos y sus odios. Se diría que las personas no podemos
salir de esa pauta y que siempre estamos condenados a repetirla y repetirla y
repetirla, así como si fuera el Bolero de Ravel. Digamos que es como el ejemplo
que pone el Psicólogo Karl Menninger: “es como la huella de un oso que perdió
algunos dedos hace mucho tiempo en una trampa, pero cada vez que pisa se nota
la existencia de esa falta”.
Freud señala que el
analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido sino que lo vive de
nuevo, no lo reproduce como un recuerdo sino como un acto.
Menninger señala:
“defino insight, como el reconocimiento por parte del paciente de:
-
Que este o aquel aspecto de
sus sentimientos o actitudes, esta o aquella técnica de comportamiento, este o
aquel papel que le asigna a las demás personas pertenece a una pauta.
-
Esta pauta, como la huella
de un oso que ha perdido algunos dedos en la trampa, se originó hace mucho
tiempo, y se estampa en cada paso del viaje de su vida; que está presente en
sus situaciones de realidad contemporánea y que también lo está en sus
relaciones analíticas.
-
Que esta pauta se originó
por una razón que fue valida entonces y que ha persistido a pesar de los
cambios de algunas circunstancias que la determinaron.
-
Que esta pauta contiene
elementos que son ofensivos y perjudiciales para otros y también que son
costosos y molestos para el paciente”.
Lowenstein expresa: “Aunque
a veces erróneamente se piense que el interés del análisis se enfoca en el
pasado, el hecho es que se ocupa también de las interrelaciones entre el pasado
y el presente. El papel primordial que el análisis de la transferencia
desempeña en la técnica psicoanalítica se basa en esta especial
intercomunicación que encontramos entre el pasado y el presente de la vida
humana”.
Kardiner señala: “Los
tipos de reacción más comunes, no presentan idiosincrasias y por lo tanto no
pueden atribuirse a diferencias genéticas, sino a las diferencias del proceso
integrativo o de construcción que caracteriza a la personalidad humana; estos
tipos están determinados por variaciones en las características específicas de
los padres, por los usos y las costumbres y por las condiciones a las que el
individuo debe adaptarse desde el nacimiento hasta la edad adulta”.
Los recuerdos más
bonitos de la infancia se remontarán al momento de la primer sonrisa, o cómo
olvidar el reflejo de prensión, o cuando aprendió a gatear, cuando aprendió a
aplaudir, cuando dio sus primeros pasos, o cuando comenzó a decir “papá” o
“mamá”.
¿En qué momento se
perdió la magia? ¿En qué momento se esfumó el encanto? ¿En qué momento dejaron
de ser aliado para convertirse en enemigos? ¿Cuándo se rompió esa simbiosis? ¿Cuándo
el papá o la mamá deciden socializar a la bestia? ¿En qué momento optan los
papás reprimir el “Ello” de su hijo para que surja el “Yo” y dejarle el terreno
preparado para la instauración del “Superyó”? o en otras palabras ¿en qué
momento se cortan las alas del infante y lo convierten en un engranaje más de
la sociedad?
Según las
estadísticas ocho de cada diez niños sufren maltrato infantil ya sea
psicológico, físico o sexual.
En psicología
conocemos un término que se denomina “reparación”, en donde el sujeto que ha
dañado al otro (llámese pareja, hijo, madre etc.) intenta “reparar” o
“resarcir” el daño, es decir el motor que guía la conducta altruista es el
sentimiento de culpa.
Tenemos pues la Culpa
como el motor que guía la conducta humana, para entender un poco mejor lo aquí
esbozado pondré un ejemplo: Llega el señor
-que por lo regular es muy parco en sus expresiones- con un ramo de
rosas, nada más porque sí, abraza y llena de besos a su esposa (cuando antes ni
la volteaba a ver).
¿Qué hay detrás de un
regalo? Un sentimiento de culpa.
Es inevitable la
doble moral de la sociedad en turno, es el eterno ensayo reiterado, es la
“compulsión a la repetición”, la puesta en escena de la obra magistral “El
extraño caso del Dr. Jeckill y Mr Hyde”. ¿Se puede hacer algo? la respuesta es
muy ambigua, cada quien puede hacer bien su trabajo como padre de familia,
educarlos bajo la pedagogía del amor, si todos hiciéramos lo que nos incumbe
otra sociedad tendríamos, pero ¿qué es lo que tenemos?
El resquebrajamiento
que estamos viviendo en la actualidad tiene su génesis allí, precisamente en la
familia. Lo que estamos viviendo (narcotráfico, violaciones, pederastas,
secuestros) todos son perpetrados por miembros
que alguna vez compartieron el espacio y el tiempo con algo denominado
familia. La familia como núcleo de la sociedad. Es ahí en el Hogar, ese lugar
sacrosanto en donde se dan los mejores festejos, en donde se reúne toda la
familia extensa a festejar las mejores fiestas, los más exquisitos aquelarres
en honor al niño, al abuelo, a la madre, a la mujer, es en la familia en donde
se engendra tanto el remedio como el veneno, el paliativo o el ántrax y el
cianuro, lo que pudre o lo que alivia a la Sociedad.
La familia, es casi
siempre el primer grupo. Nos brinda confianza para actuar, promueve y fortalece
la percepción que tenemos de nosotros mismos. Este grupo nos enseña a reconocer
nuestras virtudes y nuestras limitantes,
dentro de él podemos detenernos con confianza para analizar nuestros
logros y nuestros retos. Nos muestra una forma de ver el mundo y de alguna
manera nos ubica en ese contexto.
Conforme crecemos,
vamos saliendo de ese grupo para integrarnos poco a poco en otro donde
tendremos que ganarnos un lugar por méritos propios y donde no encontraremos
las mismas consideraciones que en el primero, pero que igual influye para auto valorarnos.
En ambos grupos
seguimos los patrones de comportamiento por afinidad, por el hecho de
pertenecer a ellos.
"Los
años infantiles se han olvidado;
a
pesar de ello nos quedan, como en las ciudades perdidas,
restos
que nos sirven para reconstruir su arquitectura".
Santiago
Ramírez
BIBLIOGRAFÍA
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organización sin ánimo de lucro.
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Google
Books
D.
R. Guadalupe Loaeza. (2010). Infancia es destino. Aguilar. Santillana Ediciones
Generales, S. A. de C. V. México.
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