jueves, 6 de junio de 2013

Psicología de la Investigación

LA INFANCIA ES DESTINO
La infancia es un término aplicado al desarrollo del ser humano desde el nacimiento hasta llegar a la pubertad, que es cuando comienzan a surgir diversos cambios tanto físicos como emocionales.
Si hablamos de destino, en filosofía, podemos referirnos a un constructo metafísico y como tal está sometido a interpretaciones. El destino sería la sucesión incognoscible e inevitable de acontecimientos que ocurren en diferente lugar y tiempo cuya consecuencia del pasado afecta a uno o más hechos futuros, así como a toda la red de posibilidades del futuro porque las acciones presentes derivan de las pasadas y las futuras de las presentes.
El destino se relacionaría con la teoría de la causalidad que afirma que, si «toda acción conlleva una reacción, dos acciones iguales tendrán la misma reacción», a menos que se combinen varias causas entre sí haciendo impredecible a nuestros ojos el resultado.
Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada. Todo tiene una causa, y si tiene una causa estaba pre destinado a existir desde el momento en que la causa surgió. Debido a que la inmensa cantidad de causas es impensablemente inmensa, nos es imposible conocerlas todas y enlazarlas entre sí.
Al concebir estos conceptos, se podrían plantear las siguientes interrogantes: ¿Qué tan acertada es la frase “infancia es destino”?, si conforme avanza el desarrollo, esto, ¿No es más que una cuestión de carácter?, ¿Cuánta responsabilidad tienen los padres en el futuro de sus hijos?, Fantasmas del pasado, significa, ¿vida sin futuro?
Los primeros contactos que se tienen son muy significativos, pues van matizando nuestras futuras relaciones; es ahí cuando aprendemos ciertos patrones que se utilizarán a lo largo de la vida, y resulta difícil cambiarlos. No es que esté mal, es lo que se conoce o aprende durante las primeras etapas de vida; sin embargo, hay muchas conductas que no son agradables para nosotros mismo o no concuerdan con diversos paradigmas sociales y no se  sabe por qué están en nuestras vidas. Las primeras relaciones se establecen con los padres o con ciertos familiares cercanos y, de ahí, se van adquiriendo hábitos que a lo largo del tiempo se desarrollan y que forman parte de nuestro carácter y de nuestra personalidad. Por lo tanto, no resulta desproporcionado sugerir que la infancia está íntimamente vinculada con el destino.
No es que sea una cuestión de carácter, los psicoanalistas creen que toda esta cuestión se refiere a una serie complementaria, es decir, se suma el carácter, el temperamento, la infancia, las buenas y las malas experiencias: es un todo. Sin embargo, no es una regla. Hay personas que tuvieron una infancia terrible, llena de obstáculos y malas experiencias, pero en su vida adulta son profesionalmente exitosos o han formado una familia armoniosa, aunque también puede ocurrir lo contrario. Todos los puntos anteriores son los que van forjando el destino de cada persona y aunque no es una cuestión de libre albedrío, con los avances de la psicología se puede llegar a comprender dicha causa y poder brindarle un mejor cause a estos desenlaces.
Al hablar de la importancia de los padres, se cree que es una mezcla de todo. Se trata de ciertos factores que se juntan y no puedes excluir ninguno. Por ejemplo: el bebé nace y está al cuidado de sus padres al 100 por ciento. El niño poco a poco crece, se va independizando, va adquiriendo responsabilidades, obligaciones, etcétera. O por lo contrario el niño podría convertirse en una persona sobre protegida, dependiente, etcétera.
No obstante, es importante tener a estas figuras primarias cerca, porque marcan nuestras experiencias futuras.
No necesariamente porque se tuvo una madre desobligada serás de esa manera; ahí es cuando intervienen otras experiencias, así como el temperamento. Es importante lo que pasa dentro de la casa, pues es lo primero que se aprende, es la primera fuente, es lo básico; pero las amistades, el trabajo y otras circunstancias también forjan nuestras historias.
Para responder la última pregunta, se hace referencia al ensayo de “Recordar, repetir y reelaborar” del psicoanalista Sigmund Freud, donde enfatiza que la mayor parte del pasado infantil queda olvidado y sólo conservamos ciertos esbozos condensados en los recuerdos encubridores, es decir, memorias que cristalizan varias experiencias y han sido deformadas. Agrega que el paciente analizado, en general, no recuerda nada de lo reprimido, lo actúa. Por medio de la compulsión y la repetición no puede más que poner en acción aquello que ha sido olvidado en la conciencia.


 La infancia, un factor denominante en la forma de actuar del adulto.
La infancia repercute en el presente de cada individuo y deja huellas que trascienden en el tiempo afectando los modelos de comportamiento en la edad adulta. A partir de esta teoría, se puede re significar el pasado y comprender el carácter de muchas experiencias tardías.
Durante los primeros cuatro años en la vida de una persona se desarrolla el 90% del cerebro; de los 5 a los 11 años se consolidan las capacidades físicas e intelectuales y de los 12 a los 17 años se construye su personalidad como transición hacia la edad adulta, por lo que todo lo que se haga a favor de la población infantil en México, incide no sólo en el desarrollo individual de los niños, sino en el del país entero porque la infancia, es destino.
Si nos referimos al destino de un niño como su vida en la edad adulta estamos hablando realmente de su futuro. La mayoría de los padres tratan de dar a sus niños todo lo que consideran necesario para garantizarles un buen futuro. Algunos consideran importante procurarles un respaldo económico, integrarlos a su religión, fomentarles cierto deporte, etc.
La cantidad de posibles desenlaces a causa de las acciones presentes y acontecimientos pasados es incalculable. También, la inmensa variedad de causas que afectan la vida de un sujeto es formidable, tanto que es imposible conocerlas todas y enlazarlas entre sí.  Por eso, desde muchos años atrás, la gente ha acudido a la adivinación, magia, etc.
Se sabe que cada decisión que tomamos modifica nuestro futuro, pero en la infancia, las decisiones importantes son tomadas por otras personas, generalmente nuestros padres.
Las condiciones de la vida adulta son el resultado de una compleja interacción entre factores genéticos, psicológicos, ambientales, sociales y económicos. La mayoría de estos factores se encuentran fuera de nuestras manos.
El estado de salud y el ambiente en que nos desarrollamos en la infancia desempeñan un papel primordial en nuestro futuro. Los hábitos de alimentación en la familia, por ejemplo, son fundamentales. Un niño sano podrá convertirse en una persona obesa si se alimenta con comida chatarra. Esto  a su vez le creará mucho sufrimiento, será objeto de burla en la escuela y tendrá dificultades para realizar las actividades normales de la infancia. Todo esto le dejara pequeños traumas, lo que mucha gente llama “cicatrices en el alma” y lo acompañarán el resto de su vida.
Personajes famosos que lograron grandes cosas tuvieron una infancia difícil, otros crecieron con todas las ventajas posibles. Si bien la manera como un niño es criado tendrá una profunda influencia en el adulto en que se convertirá, no es posible planear su felicidad ni asegurar su destino ya que son demasiados los factores que intervendrán en el trayecto de su vida y sobre esto no tenemos ningún control.
El destino de un niño no es uno solo. No hay tal cosa como “vivieron juntos para siempre”. A la edad que sea, todos experimentamos un continuo proceso de ajuste y desajuste. Nuestra reacción a este proceso estará controlada por nuestras capacidades afectivas e intelectuales. Con cada cambio, nos veremos en la necesidad de adaptarnos y desadaptarnos continuamente.
Cuando miramos hacia atrás, podemos ver muchos de los acontecimientos que nos trajeron hasta donde nos encontramos ahora, y distinguir entre aquello que es efecto de causas externas y lo que es producto de nuestras propias elecciones.

  


Infancia es destino no funge como regla.
Muchos padres creen que se puede orquestar la vida de sus hijos de manera que obtengan éxito, fama y fortuna. Es verdad que en ciertos casos, muy pocos, ha dado resultado.
Lorena Ochoa, la joven mexicana que se convirtió en la mejor golfista del mundo, siempre insiste en que gracias al apoyo de su familia pudo triunfar. Sin embargo, muchas niñas y niños han recibido el mismo apoyo y entrenamiento sin poder lograrlo.
Por otro lado, hombres y mujeres que tuvieron una infancia muy difícil llegan después muy lejos en la vida. Un buen ejemplo es Golda Meir, la séptima de ocho hijos de una familia judía. Vio a cinco de sus hermanos mayores morir de pequeños a causa de la pobreza y de las enfermedades, vivió en carne propia la crueldad de la antisemita, el hambre, la ausencia del padre. Trabajo mucho y estudio poco. Nadie podría imaginar que se convertiría en la primera mujer con el cargo de Primer Ministra en Israel.
Otro ejemplo es, Coco de Channel, ella vivió una infancia llena de carencias, podría pensarse que al convertirse en la diseñadora que cambio la moda en el mundo, fue feliz pero no. Tuvo el talento y la ambición pero no los recursos ni el apoyo, por lo cual recurrió a la prostitución para obtener el dinero necesario para realizar su sueño. La mujer tuvo muchos amantes pero un solo amor que jamás le correspondió y al morir le lloro amargamente. Consiguió mucho reconocimiento, pero no ese amor que deseaba y menos la felicidad y al final murió en medio de la soledad.
Si bien la infancia y las experiencias buenas o malas vividas durante esta etapa pueden llegar a marcarnos, mayormente, para tener una vida llena de recuerdos reprimidos o episodios repetitivos, pero también podemos observar que esto no es una regla.  Como se menciona en los ejemplos pasados, estos factores pueden llegar a ser buenos y conducirnos a un destino satisfactorio o por lo contrario a un futuro atemorizante, en cambio otras experiencias no tan agradables pueden impulsarnos a luchar por el bienestar de otras personas o incluso hasta de nosotros mismos.






¿Cómo se puede superar una infancia difícil, o bien, una infancia de sobreprotección absoluta?
El psicoanálisis ayuda a significar y a reelaborar el pasado. Ejemplo: la mujer que vivió su infancia en un ambiente de violencia intrafamiliar, muy probablemente en su etapa adulta tienda a relacionarse con hombres violentos. Sin embargo, a pesar de las críticas que sufre, ella no puede darse cuenta de la situación que vive. Al pasar el tiempo, la mujer afirma: mi pareja se volvió golpeador o “me salió” alcohólico, “me salió así”. Es importante señalar que esto no es la Rueda de la Fortuna, pues uno mismo es quien elige cómo y con quién vivir, pero si traemos cargando nuestro costalito del pasado, podemos repetir los patrones paternos, en este caso, la violencia intrafamiliar.
Es fácil engancharte, no es que no veamos los defectos sino que, debido a los patrones de conducta que traemos, esas acciones violentas las vemos como algo normal. Sin embargo, no siempre buscas la misma conducta, puedes encontrar lo opuesto, pero el punto es que todo está relacionado con lo que aprendemos en la infancia.
El psicoanálisis pretende hacer conscientes esas partes inconscientes para que asumas: “Tiendo a relacionarme con hombres abusivos porque así era mi padre, y me enseñaron que si te pegan es porque te aman”. Es difícil entenderlo cuando no te encuentras en esa situación, aun sabiendo que hay gente que vive así toda su vida. A medida que conocemos nuestro pasado y le damos otro enfoque, le otorgamos un valor diferente a las cosas y las entendemos de forma distinta. Cuando conocemos esas actitudes inconscientes nos es posible discernir mejor las cosas. Parece complicado, pero cuando ves todo más claramente te das cuenta de que no es una forma sana de vida, y vas cambiando esas conductas tan arraigadas.
Proceso de sanación
Enfrentarse a uno mismo es un proceso complicado, aunque no imposible. No es tan fácil darse cuenta de los patrones de conducta que venimos arrastrando desde la niñez. Aunque sepamos que estamos actuando de una manera errónea, no basta con decir: “Ya no lo voy a hacer” o “ya no me voy a relacionar con tales personas”. Éste es el momento cuando se requiere un apoyo profesional. El punto clave en todo esto es asumir que se necesita ayuda.
Cualquier conducta –positiva o negativa– se transmite a los hijos. “Ejemplo: cuando uno es un profesional, espera que sus hijos también lo sean. Para ello, se les va inculcando que hay que estudiar y ser responsables, se les enseñan valores morales y mil cosas para que sean excelentes en el área que ellos escojan. No es que les repitas todo el tiempo que quieres que ellos tengan una profesión, sino que con tus actitudes les demuestras que eso es lo que esperas de ellos”.
Durante la terapia, y tras un proceso de introspección, ¿cómo se inicia el replanteamiento de la vida?
“No pretendas cambiar en una semana o en tres meses lo que has hecho durante quince o veinte años”. Hay que ir conociendo el pasado, a través de un procedimiento que puede ocasionar sufrimiento y angustia, se tiene que desprender de ciertas experiencias de la infancia.
Además, no se puede dar una lista o una receta mágica de lo que se debe hacer, eso sería como decir que se tiene la respuesta de la vida, y se sabe que no es así. Lo que sí se puede hacer es encontrar juntos las respuestas, hallar lo que se quiere para la vida y qué es lo que no le gusta de su vida, identificar aquello que le molesta, lo cual resulta muy distinto que decir: “Pues mira, lo que a mí me gusta y no me gusta de tu vida es tal o cual cosa”. No se piensa, ni se quiere asumir el papel de juez. La única “receta”, por llamarla de algún modo, que se tiene el día de hoy, es ayudar a elaborar y re significar el pasado para tener un presente con pocas repercusiones y un futuro con mejores oportunidades.







MARCO TEÓRICO
¿Por qué es tan importante la infancia?, ¿a qué se debe que sea tan importante lo ocurrido en este periodo del que a veces no recordamos casi nada?
Basándose en el libro Infancia es destino del psicoanalista mexicano Santiago Ramírez se puede decir que, en sus diversos estudios, fue dándose cuenta de que sus pacientes condensaban sus experiencias en un único recuerdo. ¿A qué se debía eso? Se debía a que ese recuerdo era un símbolo de algo global, es decir, de todas las experiencias de sus pacientes. Pero como decía Sigmund Freud, no es que el paciente "recuerde", sino que en realidad está volviendo a vivir sus experiencias, sus afectos y sus odios. Se diría que las personas no podemos salir de esa pauta y que siempre estamos condenados a repetirla y repetirla y repetirla, así como si fuera el Bolero de Ravel. Digamos que es como el ejemplo que pone el Psicólogo Karl Menninger: “es como la huella de un oso que perdió algunos dedos hace mucho tiempo en una trampa, pero cada vez que pisa se nota la existencia de esa falta”.
Freud señala que el analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido sino que lo vive de nuevo, no lo reproduce como un recuerdo sino como un acto.
Menninger señala: “defino insight, como el reconocimiento por parte del paciente de:
-        Que este o aquel aspecto de sus sentimientos o actitudes, esta o aquella técnica de comportamiento, este o aquel papel que le asigna a las demás personas pertenece a una pauta.
-        Esta pauta, como la huella de un oso que ha perdido algunos dedos en la trampa, se originó hace mucho tiempo, y se estampa en cada paso del viaje de su vida; que está presente en sus situaciones de realidad contemporánea y que también lo está en sus relaciones analíticas.
-        Que esta pauta se originó por una razón que fue valida entonces y que ha persistido a pesar de los cambios de algunas circunstancias que la determinaron.
-        Que esta pauta contiene elementos que son ofensivos y perjudiciales para otros y también que son costosos y molestos para el paciente”.
Lowenstein expresa: “Aunque a veces erróneamente se piense que el interés del análisis se enfoca en el pasado, el hecho es que se ocupa también de las interrelaciones entre el pasado y el presente. El papel primordial que el análisis de la transferencia desempeña en la técnica psicoanalítica se basa en esta especial intercomunicación que encontramos entre el pasado y el presente de la vida humana”.
Kardiner señala: “Los tipos de reacción más comunes, no presentan idiosincrasias y por lo tanto no pueden atribuirse a diferencias genéticas, sino a las diferencias del proceso integrativo o de construcción que caracteriza a la personalidad humana; estos tipos están determinados por variaciones en las características específicas de los padres, por los usos y las costumbres y por las condiciones a las que el individuo debe adaptarse desde el nacimiento hasta la edad adulta”.
Los recuerdos más bonitos de la infancia se remontarán al momento de la primer sonrisa, o cómo olvidar el reflejo de prensión, o cuando aprendió a gatear, cuando aprendió a aplaudir, cuando dio sus primeros pasos, o cuando comenzó a decir “papá” o “mamá”.
¿En qué momento se perdió la magia? ¿En qué momento se esfumó el encanto? ¿En qué momento dejaron de ser aliado para convertirse en enemigos? ¿Cuándo se rompió esa simbiosis? ¿Cuándo el papá o la mamá deciden socializar a la bestia? ¿En qué momento optan los papás reprimir el “Ello” de su hijo para que surja el “Yo” y dejarle el terreno preparado para la instauración del “Superyó”? o en otras palabras ¿en qué momento se cortan las alas del infante y lo convierten en un engranaje más de la sociedad?
Según las estadísticas ocho de cada diez niños sufren maltrato infantil ya sea psicológico, físico o sexual.
En psicología conocemos un término que se denomina “reparación”, en donde el sujeto que ha dañado al otro (llámese pareja, hijo, madre etc.) intenta “reparar” o “resarcir” el daño, es decir el motor que guía la conducta altruista es el sentimiento de culpa.
Tenemos pues la Culpa como el motor que guía la conducta humana, para entender un poco mejor lo aquí esbozado pondré un ejemplo: Llega el señor  -que por lo regular es muy parco en sus expresiones- con un ramo de rosas, nada más porque sí, abraza y llena de besos a su esposa (cuando antes ni la volteaba a ver).
¿Qué hay detrás de un regalo? Un sentimiento de culpa.
Es inevitable la doble moral de la sociedad en turno, es el eterno ensayo reiterado, es la “compulsión a la repetición”, la puesta en escena de la obra magistral “El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr Hyde”. ¿Se puede hacer algo? la respuesta es muy ambigua, cada quien puede hacer bien su trabajo como padre de familia, educarlos bajo la pedagogía del amor, si todos hiciéramos lo que nos incumbe otra sociedad tendríamos, pero ¿qué es lo que tenemos?
El resquebrajamiento que estamos viviendo en la actualidad tiene su génesis allí, precisamente en la familia. Lo que estamos viviendo (narcotráfico, violaciones, pederastas, secuestros) todos son perpetrados por miembros  que alguna vez compartieron el espacio y el tiempo con algo denominado familia. La familia como núcleo de la sociedad. Es ahí en el Hogar, ese lugar sacrosanto en donde se dan los mejores festejos, en donde se reúne toda la familia extensa a festejar las mejores fiestas, los más exquisitos aquelarres en honor al niño, al abuelo, a la madre, a la mujer, es en la familia en donde se engendra tanto el remedio como el veneno, el paliativo o el ántrax y el cianuro, lo que pudre o lo que alivia a la Sociedad.
La familia, es casi siempre el primer grupo. Nos brinda confianza para actuar, promueve y fortalece la percepción que tenemos de nosotros mismos. Este grupo nos enseña a reconocer nuestras virtudes y nuestras limitantes,  dentro de él podemos detenernos con confianza para analizar nuestros logros y nuestros retos. Nos muestra una forma de ver el mundo y de alguna manera nos ubica en ese contexto.
Conforme crecemos, vamos saliendo de ese grupo para integrarnos poco a poco en otro donde tendremos que ganarnos un lugar por méritos propios y donde no encontraremos las mismas consideraciones que en el primero, pero que igual influye para auto valorarnos.
En ambos grupos seguimos los patrones de comportamiento por afinidad, por el hecho de pertenecer a ellos.






"Los años infantiles se han olvidado;
a pesar de ello nos quedan, como en las ciudades perdidas,
restos que nos sirven para reconstruir su arquitectura".


Santiago Ramírez











BIBLIOGRAFÍA
Wikipedia® es una marca registrada de la Fundación Wikimedia, Inc., una organización sin ánimo de lucro.

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D. R. Guadalupe Loaeza. (2010). Infancia es destino. Aguilar. Santillana Ediciones Generales, S. A. de C. V. México.

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